BLANCO
- 10 nov 2015
- 2 Min. de lectura
ME DESCUBRI LOS OJOS.
Contra toda expectativa y desde la sorpresa del aburrimiento ME DESCUBRÍ LOS OJOS.
No como quien se quita un velo, no. Sino como quien no conocía sus propios ojos antes. Más como cuando te encontrás un lunar por primera vez, y te presentás: “hola! Soy tu dueño!”.
¿Será que antes no tenía mirada propia? ¿Será que el “experimento” de escaparme de mi entorno de origen y formación me hizo efecto?
De cualquier manera, mi cabeza es un torbellino… y no sé ya quién soy.
ME DESCUBRÍ LOS OJOS Y ME DESCONOZCO EL CUERPO.
Es que ahora te veo el mundo a través de la gente, de sus historias, de sus dolores y sus luchas.
Es que ahora, por primera vez, me doy cuenta de que las personas que me merecen respeto son los “sobrevivientes”, los que las pasaron y las pueden contar, bien o mal, pero las cuentan… O las cuentan las arrugas en sus caras, la aspereza de sus manos, la tristeza en sus miradas, la raspura de su voz.
MIS NUEVOS HEROES SON LAS PERSONAS NORMALES, reales.
Estos últimos días el éxito, la belleza, la elegancia, la frescura, e incluso la calma me parecen solo accesorios en las vidas de los demás… y por ende en la mía.
Y es tan raro…
¿Qué se hace cuando ves el mundo de otro ángulo y todo lo que tenés gravado en la retina y en la piel deja de ser válido?
¿Qué se hace cuando desconocés lo caminado de tus piernas?
“Va a ser un camino difícil” me dijo.
“Va a ser un camino solitario” me dijo.
¡Y estoy dispuesto a pagar cualquier precio con tal de ahondarme más y más en la realidad! Porque ¿No se trataba de eso todo este tiempo?
Sin embargo, duele descubrirse los ojos, lejos de casa, lejos de todos, en paisajes extraños y en olores distintos.
DUELE CAMBIAR.

La blancura de la mañana devora todo, aquí en la montaña. Es un espectáculo único. Hay días en que salgo a la puerta de la casa y lo único que se vé es blanco. Mi mirada no tiene mayor alcance que uno o dos metros.
Así se me sienten las manos luego de descubrirme los ojos: como que ya no sé qué tocar, ya no sé qué mover…
Lo místico perdió el encanto…
Lo físico perdió el efecto…
Y lo que siento es tan imposible de explicar… como el primer recuerdo que guarda tu cerebro, o cómo percibes el espacio en tus sueños…
Así que en la blancura espero.
(NO TIENE NADA DE MALO ESPERAR)
Después de todo esperando es como se mueve uno de un segundo al otro, de lo quieto al siguiente movimiento, en el tiempo, en la pausa, en lo propio y en lo ajeno.
Hasta que mis ojos se acostumbren al blanco, como a veces se acostumbran a la obscuridad…

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