EL QUE ESCRIBE CON LAS NUBES
- 28 sept 2015
- 4 Min. de lectura
Solo un momento te separa de ser quien eras antes a quien sos ahora.
Solo un momento.
Nada más.
Y, a veces nos pasamos años tratando de encontrar fórmulas mágicas, o cultivando proyectos imposibles para asegurarnos una porcioncita de “felicidad”.
LA FELICIDAD ES NADA
La felicidad no es estar en lo más alto de la montaña rusa ni moviéndote a la velocidad de la luz. La felicidad no es esa llama eterna que buscamos desesperadamente. La felicidad es estar bien en todo: en lo bueno y en lo malo, por igual.
LA FELICIDAD ES NADA.
Y, irónicamente, es ese momento de NADA el que te separa del borde del abismo.
Cuando mi cerebro no pudo más, no me quedó otra opción que relajarme. Y respirar.
Respirar…
La respiración y el latido del corazón son las dos funciones involuntarias más importantes que existen, y aun así las damos por sentadas… sin siquiera estar agradecidos de que esa necesidad básica es constante e inalterable.
El atardecer del jueves me encontró tomando unos mates, mirando el horizonte. Solo. En silencio. Respirando…
El atardecer es mi hora preferida del día. Hay algo surrealista en el color de la luz. Hay algo que adormece, pero a la vez te da más claridad. Hay una predisposición del cuerpo por calmarse y dejarse llevar.
Así que me dejé llevar…
Y respiré.
Y me concentré en mi respiración.
Y me sentí agradecido por ella.
Y el agradecimiento se expandió hacia los árboles que me rodeaban, hacia las montañas que contemplaban curiosas, hacia el horizonte infinito, hacia los ruidos y los silencios que el viento me traía en sus suspiros, y hacia las nubes. ¡Por Dios! ¡Esas nubes! Las nubes más plásticas y llenas que jamás haya visto…
Y me sentí preparado. Finalmente.
Al fin.

Fui puesto en este lugar. La gracia, el destino, el azahar, o lo que sea, se confabularon durante 33 años para que llegue aquí, para que experimente todas y cada una de las cosas que experimenté. Y ahora lo sé.
Si hay una verdad que gobierne mi vida es que TODO PASA POR UN MOTIVO.
Ahora lo sé.
Mientras el sol penetraba la etereidad de las nubes, y me acariciaba con un calor fantasma, justo antes de esconderse, nos pusimos a hablar. Las nubes y yo, digo.
(…)
O “el que escribe con las nubes” y yo.
Son años de contemplar las nubes y descubrirme fascinado cada vez.
“Vos siempre estás en las nubes” me decían mis viejos…
¿Y qué tiene de malo? ¡Al menos estoy en un lado! Al menos estoy conectándome con algo… para conectarme conmigo. Y no estoy tapando los silencios con ruidos artificiales…
Las imágenes empezaron a aparecer, de a una, de a montones, claras y confusas a la vez, reales e ilusorias. Cada nube es una palabra, es un dibujo. CADA NUBE ES UN RENGLÓN.
En el trance que me regaló la relajación, la respiración, el silencio, la calma, el dejarme llevar y el “simplemente ser”, en ese atardecer de jueves, solté las amarras de mi mente.
Estoy sanando aquí. Me siento seguro en esta libertad. SOY LIBRE SIN LA FALSA SEGURIDAD. Soy real. Soy imperfecto. SOY YO. Más que nunca. Como nunca.
Y puedo relajarme, al final.
Puedo respirar.
Puedo soltar las amarras de mi mente. Y puedo jugar a que las nubes me hablan. A que “el que escribe con las nubes” me escucha, desde mi conexión conmigo mismo, desde mis pies descalzos abrazando la tierra y el pasto, desde mi piel abierta concentrándose en las caricias del viento por primera vez.
-Estoy listo- le dije –Estoy listo y abierto para saber quién soy, para saber qué tengo que hacer aquí-
El sol, increíblemente, se abrió entre las nubes. A través de las nubes. Sobre as nubes. Atravesando las nubes. Dejando un espacio. Un silencio. Un vacío. NADA.
Y justo cuando pensé que todo terminaría ahí, la respuesta llegó a mí.
Y lloré.
Lloré por horas.
Sonriendo por dentro.
Sonriendo por fuera.
Nota:
Este post puede parecer súper surrealista, lo sé. Y lo es. Pero soltar todo lo conocido al irme de mi país, liberarme de mis objetos y costumbres, alejarme de todo prejuicio, de las convenciones sociales, del “qué dirá” mi entorno cercano, la vulnerabilidad de enfrentarme a lo desconocido y a MI desconocido, la influencia de gente de otras partes del mundo con historias increíbles, me está abriendo la mente de formas que jamás imaginé.
Y yo, perdonándome, perdonando al Alejandro chiquito que aún vive en mí, perdonándolo por no ser lo que los demás esperaban de él, me dí el permiso para sanar, y para fluir, y para aceptar que soy único y valioso, como cualquier otra persona de este mundo. Así que no necesito dar explicaciones. ¡Ya no más! No necesito escribir cosas que “tengan sentido”.
Solo necesito SER y HACER lo que vine a SER y HACER aquí, a este mundo.
¡Ah! ¿Todavía querés saber qué me contestó “el que escribe con las nubes”?
Que soy un Buscador de Belleza.
No importa lo que haga, no importa a lo que me dedique, ni siquiera importa cómo me sienta. Siempre que esté buscando belleza en los lugares menos comunes y en las formas más especiales y pequeñas, voy a ESTAR BIEN. Voy a estar HACIENDO LO QUE VINE A HACER AQUÍ.
En la luz, en la oscuridad, en la lucha de las personas que se crucen en mi camino, en un momento simple, en un abrazo, una mirada especial, en poder atravesar aunque sea por un segundo los muros de las personas, en ser testigo del dolor, y de la superación, en un aroma, en notar el color de la tierra, o el calor en un a risa, en emocionarme con una canción, o tomarme el tiempo para escuchar una historia, en transitar mis miedos y enfrentarlos, en la calma y en la tormenta, en descubrir y comentar y compartir la magia de un instante en un lugar específico, en tratar de interpretar cada cosa… Siempre que esté buscando la belleza escondida detrás del todo, y aceptando que esa belleza, que esa búsqueda es tan constante para mí como la respiración y como el latido de mi corazón, VOY A ESTAR BIEN. VOY A ESTAR HACIENDO LO QUE VINE A HACER AQUÍ. VOY A SER YO.
No me tenés que creer.
Solo lo leí en las nubes.

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