top of page

DEFINIME "HOGAR"

  • 10 ago 2015
  • 4 Min. de lectura

¡Si! ¡A vos te lo pido! ¡A vos que estás leyendo!


Pocas veces me sentí tan incómodo en mi propio cuerpo. ¿O será que de golpe estoy viviendo en una casita chiquita en una zona rural en un país que no es el mío y que hasta ahora ni conozco?


Bueno, la casita es hermosa. Está en la montaña, y los amaneceres y los atardeceres acá son impagables. El aire es puro y el silencio… oro. De hecho, mientras escribo esto, estoy tirado en una hamaca paraguaya, con las nubes bailando entre las montañas llenas de árboles, y lo único que se escucha es el tintineo del llamador de ángeles que cuelga del techo del porche.


Y, aun así, no consigo paz.


Vengo masticando este tema una y otra vez, dándole vueltas al asunto. Y lo que más me preocupa es que en esta casita no tengo la mayor de las ventajas que tiene el vivir solo: ¡la posibilidad de andar con cara de tuje las 24hs. si se te canta!

Es que acá convivo con mi amiga Bodra y su marido, Rubén. Y es que en esta misma casita también vienen a trabajar más personas. En fin… bastante inconveniente andar con cara de tuje cuando tos amigos te recibieron de brazos abiertos y encima te dieron trabajo…


Extraño esa libertad. Y extraño mi gente, a la que le podía ir a mufar cuantas veces quisieran, y me conocían, y sabían que no era nada importante, que obviamente lo iba a superar.

Y extraño a mi perro. Y extraño a mis viejos. Y extraño el quilombo de la Avenida San Martin algunas noches. Extraño a mi bidet, a mi calefactor y a mi aire acondicionado. Extraño hacer zapping y la comodidad de lo conocido y lo familiar.


Pero ¿Sabés lo que más extraño?


A MI.


El mayor desafío al irte a otro lado es que tenés que empezar todo de cero. Con lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Tenés que convivir, por lo menos en mi caso, con gente que no te conoce y que tiene otras costumbres y otros ritmos. Tenés que tratar de hacer “comunidad”, hacerte de amigos o conocerte con los vecinos, o descubrir el kiosco más cercano para que no te agarre la medianoche sin puchos. Tenés que adaptarte a nuevos relieves y nuevos climas. Tenés que acostumbrarte a las comidas, a los olores y a la música local (que deja bastante que desear…)

Y tenés que hacer todo eso SOLO sin nadie que te dé una oportunidad. Porque, como es de público saber, las primeras impresiones se dan solo una vez.


Y, como ves, vuelvo de nuevo a lo mismo. Como una serpiente comiéndose la cola. Y es que: el lugar en el que vivís te define.


Pero “es una oportunidad para empezar de cero”, me dirás vos.

Y, sí. De alguna forma sí.

Pero ¿Cómo empezás de cero cuando de golpe no sabés quién sos, porque no hay ni una sola cosa alrededor tuyo (ni siquiera el idioma, por más que el Argentino y el Colombiano sean los dos español) que te dé algo de calor de hogar?


La palabra HOGAR viene del latín Focus, o sea, fuego. Y se refiere a las hogueras alrededor de las cuales se reunían las tribus para aprovechar el calor.


¿Es que tengo que encontrar mi tribu acá todavía?


Seguramente, también.


Seguramente también voy a encontrar mis lugares preferidos en Medellin, mis nuevos espacios secretos, mis nuevos sabores, mis nuevos ritmos y mis nuevos horarios del día.

Seguramente mucho, hasta lo que no me gusta, se me vuelva familiar con el tiempo.


Yo dejé todo, TODO, y me vine con una valijita, seguro de que no necesitaba nada ni a nadie para ser feliz. Y acá estoy, NO feliz. Pero lo peor de todo es que no me siento yo mismo.


¿Habrá sido un error? ¿Me habré equivocado?


Esas son preguntas que me tomó mucho valor hacerme en estos días, y mucho más inclusive escribirlas acá. Después de haber estado taaaanto tiempo sermoneando sobre los beneficios de salir de la zona de confort.


Ya sé que no es tan terrible, tampoco. ¡Que tengo momentos hermosos y estoy conociendo gente increíble también! (pero esto entra en otro post sobre ser positivo y automotivarse, próximamente…).


Hace poco escribí acá sobre una verdad absoluta que se me presentó de repente: “la adultez es hacerse responsable de la propia felicidad”.


El otro día, hablando con Bodra, entre mate y jazz, en la casita en la montaña, con una luz brillante entrando por todas las ventanas, me dijo algo que no redefine pero sí complementa esa verdad absoluta.

Sus palabras específicas fueron: “ser adulto es ser tu propio padre y madre”.


Espectacular ¿No?


Es que en esas estoy... Solo, en otra parte del mundo. Y todo lo que me pase y me deje de pasar de ahora en más depende solo de mí.

Ya no tengo padres que me atajen si me caigo, ni a mis amigos acá cerca si necesito un abrazo de alguno en particular, ni ninguna de esas cosas que me definían falsamente pero que estaban cargadas de historia y continuidad.

Ahora me tengo solo a mí.


Y estoy muerto de miedo.


Bienvenido a la vida adulta, Alejandro.

Bienvenido a tu nueva vida. ¿No era eso lo que querías?


Si. Era eso.

Yo me fui en busca de La Verdad, y La Verdad me pegó un sopapo.


Ya me lo decía Madonna al principio de mi canción preferida (Like a Prayer): “Life is a mystery. Everyone must stand alone” (“la vida es un misterio. Todos tenemos que estar solos”)


Tendría que haberlo visto venir, como redundantemente decimos en Argentina…


A lo que concluyo, con lágrimas en los ojos, con el terror ante un nuevo desafío, pero también con la cruda certeza de la verdad:


EL VERDADERO HOGAR ES UNO MISMO


 
 
 

Comentarios


MI VIDA EN UN RENGLÓN

© 2023 por NÓMADA EN EL CAMINO. Creado con Wix.com

bottom of page