top of page

PUNTO DE QUIEBRE

  • 26 jul 2015
  • 5 Min. de lectura

¿Qué andabas haciendo, mente mía, estos días? ¿En qué rincones te estabas escondiendo? ¿Qué andabas rumiando?

Finalmente llegó ¿eh?

Pensabas que NO, que alomejor zafabas de ésta.

Y así, de golpe, como baldazo de agua fría, se te cae encima el PUNTO DE QUIEBRE.




MODO ESTATUA


“¡¡Un, dos, tres, cigarrillo 43!!” gritábamos de chiquitos. Y todos los que no contábamos nos quedábamos en pausa absoluta. Extáticos, incluso tratando de contener la respiración, como si se nos fuera la vida en ganar otro juego más.


¿Quién me iba a avisar que esos momentos iban a volver después de tantos años?


Los últimos 15 días prendí el “piloto automático emocional” para poder seguir adelante con la interminable lista de cosas que tengo para hacer antes de irme a vivir a Colombia. Y seguí… Seguí…


A medida que las cosas se fueron resolviendo –y yo seguía con energías físicas- se empezaron a suceder las PRIMERAS ÚLTIMAS VECES de un montón de cosas:

  • La primera última vez que iba a trabajar un lunes.

  • La primera última vez que sacaba a mi perrito a hacer pis en mi barrio de calle San Martín.

  • La primera última vez que iba al súper a comprar yerba para el mate.

  • La primera última vez que recibía a un amigo a casa antes de irme.


Y, una tras otras, las primeras últimas veces gestaron a las ÚLTIMAS.

Llegó mi último día de trabajo, y la última vez que caminaba por mi vereda, el último colectivo que me tomaba a la mañana, y la última vez que dormía en mi cama.


Y yo: en MODO ESTATUA


-¡Qué emoción! ¡Debés estar re contento!- me decían todos entre abrazos y ojos húmedos.

-Mucho no me doy cuenta… Es que estoy muy cansado…- repetía cada vez.


Pero era mentira. La verdad es que NO SENTÍA NADA.


PERO NADA, NADA.


¡¿Qué me pasa?! ¡¿Es que no me importa?! ¡¿Es que no caigo?! ¡¡¿Se me secó el corazón?!!

Y si es el piloto automático, de dónde lo apago??!!


La mente es un aparato raro. Creés que sabés cómo va a reaccionar en determinadas situaciones, pero no tenés ni idea.


Siempre creí que a esta altura estaría súper ansioso. O súper sensible. O quebrado en llanto. ¿Pero ESTO? Rarísimo de mí…


Seguí adelante. Confiando en el proceso. Confiando en mis secretos procedimientos internos. Pero esperando… siempre esperando.

¿Qué? Bueno, no sé… Una alarma, una señal, una primera lagrimita tímida que me diga: ¡Arrancá, ya te estás por ir! ¡¡Empezá a sentir lo que sea ahora!! ¡¡Alegría, tristeza, desarraigo, LO QUE SEA!!

Y no llegaba…




1000 DUELOS


No te pienses que me faltaron motivos. ¡No! Que estos últimos días estuvieron bien surtidos de motivos para sentir que “se te sacude el piso”.


Desde la muerte de mi abuela hasta el reencuentro con el más hermoso y puro amor del pasado.

Desde una despedida sorpresiva y multitudinaria de mis compañeros de trabajo hasta una jornada de llantos imparables de mi sobrinita pidiéndome que no me vaya.

Desde tener que tirar casi todos los recuerdos de mi vida para vaciar mi departamento hasta la charla más profunda con mi viejo.

Tantas cosas tristes y tantas cosas buenas al mismo tiempo…


1000 situaciones que en otro momento me hubieran devastado o elevado.


1000 situaciones que estaba enfrentando de forma distinta.


1000 duelos… y 1000 nacimientos, también.


¡¡Ya sé!! Vos dirás: ¿cómo te vas a poner mal si te llegó lo que tanto esperabas?

Pero, creéme, que para alguien como yo, que vivió toda su vida a través del miedo, dejar tooooodo y mandarse a mudar a otro lado no es “moco de pavo”…


Y, sí. Se supone que tendría que estar bastante preparado para este momento, ya que lo vengo armando en mi mente desde hace rato… Pero hoy tuve una respuesta reveladora:


NUNCA ESTÁS PREPARADO PARA ALGO QUE TE PASA POR PRIMERA VEZ


Así que, de alguna forma, creo que en ese silencio, en esa apatía, se venía disfrazando mi duelo.




LOS BENEFICIOS DE ESTAR ENOJADO


Y, encima de todo, vengo a caer en la cuenta del poder motivacional que tienen las cosas negativas.


¡¿No te pasa a vos también?!


¡Si la mayoría de las grandes decisiones que tomamos son por no aguantar más las situaciones dolorosas!


El BIENESTAR es una condición que dejamos relegadas hasta haber “intentado todo lo posible”. Pero rara vez es la primera opción.


Si terminás esa relación complicada y cansadora, recién cuando el enojo y el malestar son tales que no te permiten continuar.

Si dejás ese trabajo que te hace infeliz desde hace un montón de tiempo, recién cuando tu salud mental está en juego.

Si le plantás frente a alguien para hacer valer tus derechos, recién cuando los maltratos rozan lo violento.


Yo, que me quiero ir de acá porque este lugar me “hace mal”, me limita.

Yo, que me quiero ir porque me cansé de vivir trabajando 9 horas diarias solo para juntar un par de pesos a fin de mes.

Yo, que me quiero ir porque estoy enojado con lo que mi sociedad y mi entorno esperan de mí…


Y, estos últimos días, sabiendo que todas esas situaciones tienen fecha de caducidad para mí, de golpe no puedo hacer otra cosa que verles el lado positivo.

El peso de las horas de trabajo se me hizo más liviano. Las personas que antes me irritaban se volvieron manejables frente a mis ojos. El día a día y las conversaciones vacías “ganaron gustito a familiar”.

¡Buenísimo! ¿No?


¿No?


¿Pero qué pasó con el empujoncito que me daba el malestar?


Desapareció…


(…)


Extraño ese empujoncito extra.

Hacía falta.

Hacía más fácil la partida.




EL PUNTO DE QUIEBRE


Rolando, mi compañero de trabajo con el que en un principio no teníamos mucha química, me abrazó y lloró.

Perla, mi vecina viejita del tercero, me despidió y lloró.

Mi tío Edmundo, con el que nunca hablamos demasiado, me abrazó en el velorio de mi abuela y lloró.

Mi hermana compartió un mate conmigo en el patio de su casa, me dijo cuánto me iba a extrañar, me abrazó y lloró.


Yo no lloré una lágrima… hasta hoy.

Hoy me las lloré todas.


No podía ser de otra manera. Hoy me despedí de mi departamento.

Lo dejé vacío.


VACÍO.


Así se sintió…


Después de un par de días durmiendo en la casa de mis viejos, y de una inexorable sensación de “no tener un lugar propio”, hoy volví por ÚLTIMA VEZ.


Volví a limpiarlo, a vaciarlo, a sacarme de sus paredes, a dejar de mirar por sus ventanas, a dejar de protegerme en su silencio…


Hoy volví y lo sentí más mío que nunca.


Mientras embolsaba mi pava sentí que la sacaba de su habitad natural, que ningún mate iba a tener el mismo gusto si calentaba el agua en otra cocina…


Mientras daba los últimos retoques de pintura me acordé de todos los colores que pintaron esas paredes. Me acordé de todos los amigos que se sentaron en esas sillas. Me acordé de todas las alegrías que viví bajo ese techo… y lo difícil que fue mudarme al principio, hace siglos –pareciera- atrás…


Seis años…

¡Era tan chiquito cuando llegué!...


Laura estaba ahí conmigo, con panza de embarazo y todo.

-Pará que estamos "cerrando el cajón"- le dijo riéndose a Juancho por teléfono, cuando la llamó para saber cuánto le faltaba para volver a su casa.


Y no existió expresión más correcta…


Cerrar la puerta de mi departamentito por última vez se sintió como estar CERRANDO EL CAJÓN


Ahí quebré.


Ése fue mi PUNTO DE QUIEBRE.


¡¡Dios, cómo dolió!! ¡Qué feliz fui ahí! ¡Cómo voy a extrañar a mi departamentito! ¡Cómo me voy a extrañar a mí, viviendo ahí, con mis manías y costumbres! ¡Cómo voy a extrañar a mí, viviendo esta vida! ¡CÓMO VOY A EXTRAÑAR TODO!



Hace tres horas que no paro de llorar. Y está bien…

Quiero abrir la puerta a esta emoción, porque es REAL y es parte de este cambio.

Revaloriza el esfuerzo que estoy haciendo. Me invita a hacer que valga la pena…

Significa que fui feliz…

Significa que estuve vivo…


QUEDA OFICIALMENTE INAUGURADA LA TEMPORADA DE DESPEDIDAS.

Va a ser una semana interesante…


 
 
 

Comentarios


MI VIDA EN UN RENGLÓN

© 2023 por NÓMADA EN EL CAMINO. Creado con Wix.com

bottom of page