LA PARÁBOLA DEL EMBALADOR
- 16 jul 2015
- 4 Min. de lectura
¿”Mi vida en un renglón”?
Mejor probá con: “Mi vida en un montón de cajas y bolsas”
Hoy busqué la definición específica de la palabra “parábola”. Nada más que porque me sonó linda. Y dice esto:
“Curva abierta formada por dos líneas o ramas simétricas respecto de un eje y en que todos sus puntos están a la misma distancia del foco (un punto) y de la directriz (recta perpendicular al eje).”
SIP, son días de esos…
Por un lado: no puedo estar más ansioso y feliz por irme a Colombia. ¡¡Me siento el flaco más valiente del mundo!! ¡No paro de pensar en todas las cosas nuevas que voy a vivir allá! No me entra el agradecimiento en el cuerpo por tener esta posibilidad de empezar de cero (¿?), con una vida que SÉ va a ser mucho más genuina y nutritiva que la que estoy viviendo acá (Uy… cómo estoy usando la palabra “nutritivo” últimamente. ¿Andaré bien de vitaminas?)
Por el otro lado: ésta es la imagen de mi casa….

Todas mis cosas en bolsas y cajas. Y otro tanto en el contenedor de la basura…
¡¡Cuántos recuerdos!! ¡Qué difícil desprenderse de todo esto! Cada foto, cada libro, cada cd, cada remera, todo me transporta a algún momento distinto de mi vida. Y uno que anda todos los días llenándose de cosas y estropeando tantas otras sin saber el valor que guardan…
Pero son COSAS, nada más ¿No?
Y yo estoy, CONSCIENTEMENTE, en este proceso de desprenderme. ¡Feliz de hacerlo! ¡Orgulloso de tomar esta decisión!
Laura me decía el otro día:
-Yo que vos guardo todos los libros y CD’s en lo de tu vieja. Por si te arrepentís y volvés…-
¡¿Y cómo explico que me voy para eso?! Me voy para desprenderme de toooodas las cosas que acumulé para definirme a lo largo de los años. Me voy porque, como ya dije antes, yo NO SOY TODAS ESAS COSAS. No quiero ser todas esas cosas.
Me voy porque no soy “Alejandro, el empleado del local de calle San Luis”, no soy “Alejandro, el hijo que empezó un montón de carreras y no terminó ninguna”, no soy “Alejandro, el que está solo, o el novio de…”, no soy “Alejandro, el gay buena onda de la fiesta del otro día en la casa de…”, no soy “Alejandro, el que tiene toda la colección de Madonna y la ordena cronológicamente”.
¡Soy mucho más que todo eso!
SOY ALEJANDRO.

Vivir mi vida fue, un poco, como ver una peli en 3D: querés creer que las imágenes se te vienen encima, que los personajes te tocan realmente, pero en el fondo sabés que es nada más que una ilusión óptica.
Todas las COSAS que estoy tirando y guardando son solo eso: ilusiones ópticas de quien quería ser, de quien creía ser, de quién quería que los demás crean que soy.
Igual, eso lo tengo claro hoy en día y me llena de paz.
Igual, ese cambio ya es una realidad.
La pregunta es otra…
La pregunta es:
¿Cómo embalás lo que sabés que SÍ vas a extrañar?
¿En qué bolsa entran los amigos que voy a extrañar? ¿Guardo en el ropero de la casa de mis viejos los mates a la tarde con mi hermana? ¿Me dejarán pasar por la aduana las caminatas matutinas con mi perrito, su mirada a la noche pidiéndome que vayamos a dormir, el compás insistente de su cola cuando quiere que juguemos? ¿Cómo me llevo en una tarjeta de memoria el gusto del pastel de carne de mi vieja? ¿Qué cinta de embalar apretará tan fuerte como los abrazos de mi sobrina? ¿Qué etiqueta le pongo a la caja en la que guarde el regar mis plantas, el olor de la verdulería de la esquina de mi casa, el color de mis cortinas cuando las atraviesa el sol, el saludo a mi kiosquero que me da mi atado de cigarrillos sin preguntarme la marca que fumo?
¡¿Cómo me llevo todo eso?!
Es una verdadera parábola ¿No te parece?
Los días y las horas pasan volando. Es una cuenta regresiva obcecada. Tengo millones de cosas que hacer y “cerrar” todavía. ¡Es increíble lo dificultoso que es cerrar una vida! Desde los impuestos hasta las cuentas del banco y la obra social, desde los muebles hasta la ropa y la pintura de las paredes, desde los últimos preparativos y las primeras despedidas. ¡Todo es tan surrealista!
Y la mayor parte de las veces estoy agradecido de eso… Quiero creer que ésta es la manera en que tenía que ser, para no perder tiempo angustiándome por “posibles dolores” que del todo no llegaron, y que del todo no sé si van a llegar.
Sin embargo, ya se me está colando un poco la melancolía.
Hoy es la primera vez que lloro por irme. Lloro mientras embolso cosas de otros tiempos, de otros Alejandros. Y lloro mientras escribo esto…
Seguro no va a ser la última vez que llore…
¡Que sí! ¡Que ya sé! ¡Que me voy a concentrar en lo bueno! En lo nuevo y en el abanico de posibilidades que se abre frente a mis ojos. Y seguramente es eso lo que me da más miedo y angustia: la puerta abierta para empezar a vivir la vida que quiera, la LIBERTAD.
Pero, déjame decirte en secreto, que miro estas bolsas y estas cajas y… Ufff, que raro se siente en la panza…

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