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VISITAS EN PANTUFLAS

  • 24 jun 2015
  • 2 Min. de lectura

¿Alguna vez te paraste a observar el lenguaje corporal de dos extraños hablando en la calle? ¡¿No es buenísimo?!

En un segundo te dás cuenta quien se siente más seguro y quién más intimidado. Te das cuenta, por ejemplo, de las intenciones “ocultas” de la conversación. Y ni hablar de los gestos…


Me fascina el lenguaje corporal y todos los misterios que lo rodean.


En una clase de teatro a la que fui cuando “era joven” hicimos un ejercicio de interacción en silencio, usando solamente el lenguaje corporal y las sensaciones como idioma. ¡Fue genial! Realmente me hizo cuestionarme cuánto de lo que damos –y aceptamos- de los demás está “escrito” en nuestro cuerpo.


Te hablo de esto porque, entre tanto cambio, se me pasó la conciencia de mi cuerpo.


¡Si!


Hace rato que no me miro al espejo buscando más y más defectos cada día, como solía hacerlo antes.


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Recientemente doné gran parte de mi ropa a la cruz roja. ¡Ropa nueva inclusive! Pero eran cosas que yo no necesitaba, y que, sinceramente, no iba a usar.


Hace meses ya que me convertí en un "pelado con barba”. ¡Si!

Ya se, vos dirás: “¡No tiene sentido! ¿Por qué afeitarse la cabeza y no el resto de la cara!” Pero, creéme, afeitarse la barba es un garrón como pocos.

Y hay algo de rebeldía en mi barba descuidada. Algo de “no me importa”.

Somos montones de “pelados con barba” dando vueltas por la calle hoy en día. Pero NO, no nos juntamos en el Planetario una vez al mes, ni tenemos un grupo en Facebook. Tampoco los conozco a todos personalmente, así que no sé decirte cuáles son sus motivos para no afeitarse. El mío es: que simplemente no me da ganas.


¡Hay algo tan liberador en vivir mi vida como la estoy viviendo ahora! ¡En vivir mi cuerpo como lo estoy viviendo ahora…!


No siempre fue así. No, señor…


De chiquito fui el gordito del curso, siempre.


De grande, la genética, la psicología, o vaya a saber qué cosa, me llevó a formar parte de la colectividad de los amantes del mismo género…

(…)

¡¡QUE SOY GAY, DAH!!

Y, creéme acá también, que no es un grupo fácil al que pertenecer. Hay muuuucho prejuicio metrosexual dando vueltas…


Pero ya no me importa.


Estoy tan concentrado en mí, en mis proyectos de vida, en cosas que me están llenando de tanto valor, que todo el resto me parece accesorio. Banalidades. ¡¡Y cuánto tiempo, energía y plata se gasta en eso!!


Así como te escribo siempre de “abrazar mis particularidades características”, así estoy abrazando mis singularidades físicas.


Estoy tan cómodo en mi piel como nunca había estado antes. Me siento tan cómodo conmigo mismo últimamente que interactuar con la gente es casi como recibir VISITAS EN PANTUFLAS.


Alomejor es solo una fase temporal.


¡Claro! ¡Que ningún extremo es bueno! Y también tengo mis momentos de acicalamiento… Pero no son lo fundamental. Ya no los necesito para enfrentar al mundo…


Para eso me tengo a mí.


 
 
 

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