COMO EN EL PARQUE DE LA COSTA
- 24 jun 2015
- 3 Min. de lectura
¡Otra vez estoy en la cima de la montaña rusa! Sintiéndome excelente. Viendo el paisaje desde lo alto…
Desde acá puedo mirar atrás y ver lo lejos que quedó la planicie de los meses pasados (¡estas últimas semanas fueron buenísimas!). Desde acá vuelvo a sentir, por un instante, el equilibrio interno, mis órganos se terminan de acomodar desde el último envión que me trajo hasta tan alto.
Claro que eso se lo debo principalmente a mis sesiones de Life Coaching, a la cantidad de cosas que estoy cumpliendo de mi lista de objetivos, al revuelo de información del que me estoy alimentando, a tratar de retomar mi vida social con la gente más acorde a mí en pensamiento, a los 3 libros que estoy leyendo en simultáneo (ya voy a hacer un apartado sobre libros más adelante) y a la apertura de este blog, con toooodo lo que eso significa.
Acá arriba (desde el lugar en que me encuentro emocionalmente hoy) el aire es más claro y puro. Uno tendría que pensar que es momento de relajarse y disfrutar…
PERO NO
“Ayyyy Alejandro, Alejandro… Vos y tu insatisfacción constante… Vos y tus ganas de romper los quinotos con algún pensamiento errante…”
¿Por qué tengo tanta imposibilidad de vivir y disfrutar del ahora?
¿Por qué en lugar de angustiarme cuando todo está bien, no puedo solo relajarme? ¿Es que mi cabeza solo está cómoda en la incomodidad?
Mi principal termómetro de buen humor es la primera media hora de la mañana, desde que me levanto hasta que salgo del “trance”. Por lo general en ese lapso de tiempo hago todo bastante mecánicamente, como seguro te pasa a vos, o a cualquiera que está todavía renegando e intentando salir de uno de estos trabajos en relación de dependencia que “necesitamos para vivir”. La mecanicidad de mis pasos y procedimientos es tal que mi mente se desdobla y la parte inconsciente sigue su curso, independientemente del cuerpo, hasta desperezarse por completo.
Si en esa primera media hora mi diálogo interno es tranquilo y me puedo concentrar en la agradable temperatura del agua de la ducha (por ejemplo)… está todo bien. Si, en cambio, me sorprendo, mientras tomo un mate, ensayando un speach enojado con mi jefe, o una discusión con un amigo… ¡DANGER! ¡Alerta roja!
Lo irónico de todo esto es que en mis “mejores días” mi pensamiento matutino es NULO. Y, aparentemente, eso a mi cabeza mucho, mucho no le gusta.
Estoy en la cima de la montaña rusa y no aguanto la ansiedad de saber en qué vuelta o rulo voy a caer.
¿Está bien eso? ¿El objetivo de estar en una montaña rusa es la caída o la subida? ¿O será que una no tiene sentido sin la otra, y por eso decido concentrarme en la siguiente?
Cómo me va el drama, por Dios…!!!
La cajita de mis cigarrillos tiene una leyenda que asegura que: “el tabaco genera adicción”.
¿Es la insatisfacción una adicción para mí? ¿Es la inconformidad una droga? Ciertamente me ayudó más de una vez a pelear contra mis inhibiciones. ¿Tendré que tratarla, entonces? ¿O tendré que aceptarla?
En uno de mis post anteriores te hablé sobre concentrarme positivamente en los aspectos de mi personalidad (que no es lo mismo que concentrarse en los aspectos positivos). Así que: ESTÁ DECIDIDO. No voy a nadar contra la corriente. Voy a fluir con ella.
Si mi cabeza se siente incómoda con la comodidad, voy a usar ese impulso para concentrarme en cosas productivas para mí.
¡Y a seguir en movimiento! ¡Que la montaña rusa no se termina!
Y en el parque quedan muchos juegos a los que subirse todavía…

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