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LAS DOS "P"

  • 27 may 2015
  • 2 Min. de lectura

Tengo una gran tolerancia al malestar. Fui comprobando eso de mí a lo largo de los años.


Siempre que sea un momento difícil o incómodo emocionalmente, como un período de duelo o una interminable fricción en la convivencia en pareja, mi cuerpo y alma se disparan automáticamente al MODO EMERGENCIA. Es como una especie de piloto automático, un estado expectante de energía, quieto, contemplativo. La mayoría de las veces se dispara automáticamente cuando llego a la conclusión de que no es el momento correcto de enfrentar la situación, o cuando acepto que hay “algo más” que tiene que pasar antes de enfrentarla, y por alguna razón (conocida o no por mí o la otra persona) hay que esperar.


Este mecanismo me ha funcionado incontable cantidad de veces. Me ha permitido alejarme en los momentos exactos y volver cuando era necesario.


Una de las pocas cosas que más me enorgullecen de mi persona es la excelente dinámica que tengo conmigo mismo, la capacidad de detectar o “sentir” los pequeños cambios internos que estoy atravesando. Casi como una predicción, estas lecturas sobre mi mismo me han mantenido alejado de las reacciones impulsivas y los arrepentimientos posteriores. Y me ha asegurado la paz que te brinda la certeza de saber que hiciste lo que creíste correcto… y más.


Paciencia y presencia. Las dos “P” que me han guiado en el camino infaliblemente.

¡Gracias a Dios por estas bendiciones!


A veces pienso que de ser de otra forma jamás hubiera superado ninguno de los obstáculos personales que se me cruzaron en el camino.

Estas cualidades hacen que desde afuera mi vida se vea mucho más calma y constante de lo que es internamente.


¡A no confundirse! ¡Que estoy que rebalso de drama a cada segundo! Pero me puedo dar el lujo (¿?) de dejarlo salir en las situaciones más convenientes, o cuando estoy en mis “lugares seguros”.


Todos tenemos un punto fuerte en nuestras vidas. Una fortaleza. Un poder. Algo que nos sale, en complot con nuestra parte interna, de manera natural. Algo que nos cuida. Algo que nos permite sortear las astillas del camino.

Uno de los míos es esta relación clara y bien alimentada conmigo mismo. La fluidez en el diálogo interno y el respeto mutuo.



¿Cuál es el tuyo?


 
 
 

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